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lunes, 27 de diciembre de 2010

La cata de vinos: La fase gustativa

Los órganos que reciben el gusto se encuentran sobre las papilas linguales. En esta fase, el tacto bucal juega un papel muy importante en la percepción de las sensaciones. Los pasos que seguiremos en esta fase gustativa, serán los siguientes:
  • 1º Introducimos una pequeña cantidad de vino en la boca (la cantidad suficiente para impregnar la lengua, pero sin que la boca quede llena). Lo mantenemos en la cabidad bucal.
  • 2º Redondeamos los labios y aspiramos para que el aire pase por encima de la lengua. Al hacerlo, buscamos que el aire atraviese el vino y libere así sus compuestos volátiles, captando los aromas por vía retronasal.

  • 3º Hacemos que el vino se mueva por el interior de la boca, haciendo que toda la lengua, encias, paladar... queden impregnados del líquido. Algunos sumillers describen este acto como "masticar el vino". En este momento debemos pensar en los sabores y la textura del vino, así como en la sensación que éste deja en la boca.
  • Una vez que hemos descubierto todos los sabores y sensaciones táctiles posibles, lo tragamos, o, si pensamos seguir catando más vinos, podemos escupirlo en un recipiente habilitado para este fin.
    La fase gustativa podemos dividirla en 3 subfases:
    1. Ataque: Justo al entrar en la boca. Dura 4 o 5 segundos y predominan los sabores que capta la mitad anterior de la lengua (dulce y salado).
    2. Evolución o paso: Aquí se excitan las zonas de la lengua que captan los ácidos  los salados. Al final empiezan a surgir los amargos.
    3. Final de boca: Predominan los amargos, luego hay que tener cuidado al calificarlos. Ahora se ponen en juego las sensaciones táctiles: cuerpo, astringencia, suavidad, sensaciones térmicas...
    Las sensaciones que podremos captar son las siguientes:
    • Dulzor: El dulzor del vino procede del azúcar de la uva que ha quedado sin fermentar. Se capta en la punta de la lengua. El dulzor nos permite clasificar un vino entre más seco (poco dulce) y más dulce. El dulzor es el primer sabor que capta la lengua, de manera que nos va a permitir expresar esa primera sensación en boca, denominada "ataque", haciendo que exprese amabilidad o sabrosidad.
    • Acidez: La percibimos en forma de frescura en la boca. Cuando se dice que un vino es "terso" significa que ese vino posee un índice de acidez elevado. Por el contrario, una acidez reducida hace que un vino se presente lacio y endeble. La acidez es uno de los elementos que prolonga la vida de un vino a lo largo de los años. Los blancos jóvenes destinados a tener un largo envejecimiento en botella pueden en su juventud dar una impresión de extrema acidez. Aunque la acidez no disminuye con el tiempo, los vinos van puliéndose y redondeándose poco a poco, adquiriendo una mayor suavidad a medida que desaparecen las aristas. Cuanto mayor sea la cantidad de azúcar residual que posea un vino, más acidez necesitará para compensar ese dulzor. La acidez se percibe en las zonas laterales de la lengua. Es muy importante que la acidez sea natural y esté integrada en el vino, en equilibrio con el peso de fruta y tonicidad.
    • Amargor: El sabor amargo no es común en el vino, si bien a veces tiende a confundirse con la sensación de astringencia que provocan los taninos. Si un vino presenta un desagradable sabor amargo, ésto podría indicar que existe algún defecto, o bien que el vino podría estar avinagrándose. El sabor amargo se capta en la parte posterior de la lengua.
    • Tanino: Los taninos son un grupo de compuestos procedentes de los hollejos, pepitas, y de las uvas tintas (tanino frutal), o bien de la crianza del vino en barrica (tanino de crianza).  Cuando se cata un vino, percibimos el tanino por la sensación de astringencia que deja en la boca (sensación de dejar el paladar y lengua ásperos). La cantidad de tanino que puede detectarse en un vino es de gran utilidad para valorar su grado de madurez. Los tintos jóvenes presentan unos taninos más agresivos que los maduros. De hecho, una de las consecuencias de someter los vinos a un período de envejecimiento, es la pérdida de agresividad que experimenta su carga tánica, lo que da como resultado una impresión más suave y pulida en boca. Actualmente se busca, sin embargo, conseguir vinos jóvenes con una textura grasa y aterciopelada (taninos "dulces" o "maduros"). Lo contrario, sería la presencia de taninos "verdes", que no harían sino dejar en el paladar una sensación de dureza y astringencia. Cuando realicemos una cata con distintos vinos tánicos, los taninos se irán acumulando progresivamente en la boca, mezclándose e impidiendo distinguirlos, de manera que será útil morder alguna galleta salada entre uno y otro vino.
    • Cuerpo: Es la impresión de peso o corpulencia que un vino deja en la boca. El grado de alcohol de un vino puede hacer que éste parezca más o menos pesado, ya que cuanto mayor sea el volumen de alcohol, más sensación de plenitud dejará sentir en la boca. Actualmente están de moda los tintos con mucho cuerpo, lo que explica el por qué de que tantos productores busquen incrementar el contenido de alcohol en sus vinos.
    • Posgusto: Son los sabores que percibimos al tragar el vino. Cuanto mayor sea su intensidad y nitidez, mayor será su calidad.
    • Persistencia: El sabor de un vino sencillo no tarda mucho en desaparecer de la boca una vez se ha tragado, mientras que el gusto de un buen vino suele, contrariamente, permanecer durante bastante más tiempo (incluso hasta más de un minuto). Este regusto es lo que se denomina "persistencia" de un vino. Cuando el vino es joven (o de mala calidad) su sabor no dura mucho en el paladar, pero cuando se trata de un vino maduro o de buena calidad, el sabor se deja percibir en la boca durante un buen rato.
    • Defectos: Son los aromas y sabores que no son de calidad, principalmente humedades, olores o sabores a corcho, vegetales o químicos. El olor o gusto a corcho es el defecto más común en un vino. La causa suele ser un corcho contaminado, que entra en contacto con el vino durante el proceso de embotellado. Ésta contaminación la produce un hongo llamado TCA, que confiere al vino un aroma enmohecido, a humedad, muy parecido al cartón mojado. En caso de que ésto ocurra, se dice que el vino afectado presenta un "olor a corcho".
    • Armonía del vino: Si queremos que el vino resulte en su conjunto exquisito y armonioso, es fundamental que exista un equilibrio entre todos sus componentes. Por regla general, los elementos que constituyen la "columna vertebral" de su estructura (el tanino y la acidez) han de hallarse en perfecto equilibrio con su dulzor y carácter frutal. Un vino que no tenga nada más que dulzor y notas frutales resultará flojo e insulso. Uno que sea, por el contrario, pura acidez y tanino, será considerado como un vino "áspero" y "duro". 
    Con la información que os hemos facilitado a lo largo de estos artículos, tenéis ya los datos suficientes para poder iniciaros en el mundo de la cata del vino. Ahora queda lo más importante (y divertido): os animamos a que pongáis en práctica los consejos aquí dados, y comencéis a descubrir un nuevo universo de sabores y sensaciones al que nos puede conducir un buen vino.

    ¡Disfrutadlo!

    miércoles, 15 de diciembre de 2010

    La cata de vinos: La fase olfativa.

    Los aromas del vino constituyen un mundo maravilloso que frecuentemente nos pasa desapercibido. El vino desarrolla distintas sustancias aromáticas durante todo el proceso, desde la cepa hasta la crianza y, dependiendo de la etapa en que se encuentre un vino, los aromas se clasifican en tres categorías: primarios, secundarios y terciarios.

    Los aromas primarios son aquellos que vienen determinados por la zona en la que se haya cultivado la cepa, la variedad a la que pertenecen, tipo de composición del suelo, climatología de la zona, y vendimia.

    Los aromas secundarios se producen por la fermentación alcohólica y maloláctica. Estos aromas van a depender de las levaduras utilizadas en la fermentación, y de las condiciones que las propician, como pueden ser, entre otros factores, el aireado o la temperatura.

    Los aromas terciarios se adquieren durante la crianza del vino en la barrica y durante la maduración en la botella.

    Al hablar de los aromas del vino, tenemos que hablar de las series aromáticas, familias que definen el conjunto de matices pertenecientes a un mismo grupo de aromas. Las series más importantes son la floral, frutal, vegetal, animal, balsámica, madera, química, especiada, y empireumática.

    La serie aromática frutal es de las más comunes, y generalmente la encontraremos en vinos blancos, rosados, y tintos jóvenes. Resulta importante, además, que tratemos de definir de qué tipo de fruta es el aroma que distinguimos en un vino, e incluso el punto de madurez. A modo de ejemplo, podemos pensar en que una manzana ácida no huele igual que una manzana madura. El aroma a manzana ácida sería propio de un vino blanco joven, mientras que el de manzana madura lo sería de un vino con crianza o maduración en madera.

    La serie aromática floral, la podremos encontrar en vinos blancos elaborados principalmente con variedades aromáticas. Los aromas que nos encontraremos más frecuentemente, dentro de esta serie, serán los de flores blancas, los de flores de bulbo, y los de flores de árboles frutales.

    En la serie empírica o empireumática, podremos encontrarnos con aromas como el cacao, caramelo, café, té, mantequilla, humos, o tostados. Estos aromas se encuentran principalmente en vinos con una media o larga crianza.

    En la serie especiada, encontraremos aromas como el de la pimienta, nuez moscada, clavo, trufa, anís, canela...

    Dentro de cada categoría de aromas, vamos a encontrar las siguientes series:

    Aromas primarios (o varietales): Frutal (Limón, pomelo, melocotón, plátano, frambuesas...), floral (madreselva, rosa, azahar...), vegetal (pino, heno, tabaco, laurel...), especiado (regaliz, canela, pimienta, clavo...).

    Aromas secundarios (o de fermentación): Fermentación (levadura, miga de pan, galleta...), láctea (leche, yogur, mantequilla, queso fresco...), químicos (tinta, cerilla quemada, goma...).

    Aromas terciarios (o de crianza): Frutal (frutos secos, avellana, almendra, nuez...), floral (flores secas, manzanilla, jazmín, narciso, geranio, lirio...), confitería (miel, cera de abejas, orejones, coco rayado...), madera (roble americano, roble francés, castaño, cedro...).

    Rueda de los aromas
    Una herramienta muy útil en este punto, es la rueda de los aromas. Se trata de un punto de referencia que permite delimitar más concretamente una observación general hasta asignarle un término específico. Es un buen método para perfeccionar la técnica de cata y ampliar vocabulario. A la hora de catar un vino, debemos empezar por la zona central de la rueda y delimitar, posteriormente, una primera observación general, por ejemplo, "afrutado", hasta asociar ese aroma con alguno de los grupos frutales que aparecen, por ejemplo "frutas tropicales", y concretar, finalmente, de qué fruta se trata, por ejemplo, "plátano". 

    Ahora que ya tenemos algunas nociones sobre los aromas del vino, vamos a pasar a la fase práctica:
    • Tomamos la copa de vino llena hasta 1/3 de su capacidad (o hasta donde empiece la parte más abombada de la copa). Introducimos la nariz en el interior de la copa, e inhalamos profundamente para, a continuación, pensar en qué aromas hemos percibido.
    • Imprimimos un ligero movimiento rotatorio a la copa, y repetimos la operación de introducir la nariz e inhalar profundamente. Notaremos ahora que algunos aromas que hemos percibido a copa parada, se han volatilizado, mientras que otros se han intensificado, y han aparecido otros nuevos.
    • Repetimos la operación las veces que sea necesario, hasta captar el mayor número posible de aromas, tratando de identificarlos con otros aromas ya conocidos.
    Os recomiendo que realicéis la operación con distintos vinos y distintas variedades de uva, tratéis de memorizar las particularidades de cada una, las diferencias, etc... y sobretodo, que disfrutéis al máximo un nuevo universo de sensaciones con vuestros vinos favoritos.

    En el próximo artículo, hablaremos de la última fase: la gustativa, completando así este breve curso sobre cata de vinos. 

    ¡Hasta entonces!

    martes, 7 de diciembre de 2010

    El procedimiento de la cata de vinos (I Parte)

    Comenzamos a elaborar una serie de artículos con breves apuntes sobre cata, para aprender a distinguir las distintas cualidades de un vino, y disfrutar más con su consumo.

    La cata ha de realizarse en un lugar tranquilo, sin ruidos y con buena iluminación, con el fin de poder apreciar correctamente los colores y tonalidades del vino. Del mismo modo, la persona encargada de realizar la cata ha de estar relajada y concentrada en la actividad. Es aconsejable realizar la cata en ayunas, o bien transcurridas  unas horas desde la última comida.

    A la hora de realizar la cata, se utiliza una copa especial, denominada catavinos. Esta copa ha de reunir las características establecidas por la norma AENOR, que define tanto las medidas que ha de tener la copa, como el tipo de cristal, que debe ser completamente transparente.

    Otro aspecto importante a tener en cuenta, es la temperatura de servicio del vino. Según su temperatura, las características propias de cada vino se desarrollan de forma diferente. De este modo, la temperatura alta realza el sabor del azúcar y del alcohol, e intensifica la acidez de los vinos, -especialmente de los blancos- mientras que una temperaruta baja aumenta el sabor salado, amargo, y la sensación de astringencia (aspereza en el paladar producida por los taninos).

    A modo orientativo, podríamos fijarnos en la siguiente tabla:

    • Vinos tintos con alto índice de taninos: 16-18ºC
    • Vinos tintos con bajo índice de taninos: 14-16ºC
    • Vinos rosados: 12-15ºC
    • Blancos con cuerpo: 10-12ºC
    • Blancos jóvenes y ligeros: 8-10ºC

    Cuando vamos a realizar una cata de varios vinos, debemos empezar por los blancos y después los tintos, y dentro de cada grupo, primero los jóvenes y posteriormente los viejos. Los vinos dulces se dejarán para el final.

    A la hora de realizar la cata, vamos a distinguir  distintas partes: 
    1. Fase visual
    2. Fase olfativa
    3. Fase gustativa
    4. Fase post-cata
     En los sucesivos artículos describiremos el procedimiento para seguir en cada una de las fases, tratando de acercar la técnica de la cata a todos los paladares.